martes, 2 de marzo de 2010

Zetas

Los Zetas, el ejército de Osiel

Ricardo Ravelo / Proceso / Ciudad de México

Como él ansía todo el poder, un día de julio de 1998 analiza el affaire de su seguridad y concluye que debe crear un grupo de protección tan poderoso y efectivo que ni el propio Ejército pueda abatirlo. Así, inmerso en una atmósfera convulsa, surge el grupo armado Los Zetas, bien llamado el ejército del narco, para nutrir al engendro mafioso que es Osiel.
El momento que vive el país no puede ser más propicio para el surgimiento de Los Zetas. Quizás sin propónselo –o bien como parte de un proyecto maquinado desde el poder, eso tal vez nunca se sepa- el gobierno federal pone la primera piedra para que el cártel del Golfo cree su propio cerco de protección con hombres entrenados en la milicia. (…)
(…) El dique de contención, las estructuras policiacas, estalla, perforado por el dinero sucio. El panorama parece tan complicado como irreversible. Es tan oscuro este México de finales de los noventa que el presidente Ernesto Zedillo toma la decisión de echar mano del Ejército para enfrentar al crimen organizado. Sin embargo, no advierte que su determinación derivará en una pesadilla. (…)
(…) Al darse cuenta de la debilidad del Estado, al ver ante sus ojos un verdadero regalo del gobierno y que lo puede tomar con sólo extender sus manos, Arturo Guzmán Decena -expolicía federal, cómplice del capo-pone en marcha la estrategia que ha maquinado después de una conversación con Osiel. Con ofrecimientos millonarios –y privilegios que un militar jamás podría obtener en el Ejército, donde una élite acapara los beneficios y canonjías– los efectivos del Ejército son convencidos de algo que las propias autoridades tardaron en entender: que el narco paga mejor que el gobierno. Dura realidad, pero esa es la razón por la que muchos soldados desertan para engancharse en la aventura del narcotráfico.
Poco a poco, como hormigas que abandonan el agujero, decenas de soldados empiezan a desaparecer. De un día para otro ya no asisten a sus áreas de trabajo. El pase de lista obligado está plagado de silencios. Nadie responde al llamado del alto mando. La preocupación cunde por doquier. ¿Dónde están?, se preguntan una y otra vez los jefes castrenses. Por varios meses se piensa que fueron secuestrados o asesinados por la mafia. Las respuestas no llegan y la desesperación paraliza a los altos mandos de la Sedena, que deben rendir cuentas sobre el paradero de los soldados.
Con todos los conocimientos adquiridos en el Ejército, Guzmán Decena estructura otra milicia. El nombre de Los Zetas surge porque varios de los primeros militares que se incorporaron al cártel del Golfo estuvieron adscritos, en calidad de policías, a la base Zeta de Miguel Alemán, Tamaulipas. Otra versión establece que el nombre deriva de las claves que los integrantes de este grupo paramilitar utilizan para comunicarse y no ser detectados.
(…)
Así, el capo se convierte en el delincuente más protegido. Antes de que alguien intente tocarle un pelo o decida encararlo, debe derribar primero a esa poderosa muralla humana. A partir de este momento el cártel del Golfo ya no puede seguir considerándose como una organización más, que rueda con sus ejes engrasados alrededor del tráfico de drogas. Los Zetas permiten que el cártel del Golfo se posicione en la geografía mexicana con los instrumentos más cortantes: la violencia y el miedo. Ningún otro cártel dispone de una valla como ésa y nadie le puede competir a Osiel en el campo del narcotráfico.
Nadie sabe si en el origen de Los Zetas el propósito consistió en implicar de lleno al Ejército en el narcotráfico como un proyecto articulado por el Estado, de manera que sólo la Presidencia de la República manejara los hilos del narco. Lo cierto es que el proyecto de Ernesto Zedillo de involucrar a los militares en la lucha antidrogas da pie a ese paramilitarismo asociado con el narcotráfico y con la más tortuosa pesadilla que jamás haya vivido el país, cuya democracia flaquea porque sigue atada a una vieja dictadura: la del narco.
Pero a Osiel no parece importarle tanto el desgajamiento del país. Él quiere seguir perforando las estructuras del poder político para mantenerse impune. El caos es su mejor elemento para vivir. Con el cerco protector en su máximo esplendor puede moverse a sus anchas. Sabe que antes de que una mano criminal lo toque, el muro de protección atacará primero, se anticipará al plan asesino en su defensa. El monstruo criminal crecerá y sembrará terror. Su evolución es tremenda. Este grupo armado que despliega saña es el reflejo de la demencia de Osiel Cárdenas.
Los primeros miembros de Los Zetas no rebasan los 60 hombres de todas las estaturas y rangos militares. Casi todos tienen un rasgo en común: el rostro endurecido, en el semblante las grietas que provoca el castigo y el rigor de la milicia. En otros, brota de sus ojos el rencor, la frustración, y no pocos transpiran venganza, el vapor del odio que los quema por dentro.
(…)
Con el paso de los años, Los Zetas dejan de ser militares puros –algunos de ellos son asesinados, otros son detenidos– pero aún hoy conservan algo de su linaje castrense, que no se perdió ni con el crimen de su fundador, Arturo Guzmán Decena, el Z-1, perpetrado el 21 de noviembre de 2002 cuando departía desarmado en un restaurante de la calle Herrera y Nueve, de Matamoros.



Su lugar no puede ser ocupado por un improvisado. Por eso el trabajo se le encomienda a un militar de igual o mejor perfil que el propio Guzmán Decena. Su posición la toma entonces Heriberto Lazcano Lazcano, El Lazca o Z-3, metal forjado con las más altas temperaturas de la milicia, otro desertor del GAFE que también fue entrenado en diversas disciplinas y que hasta la fecha es inamovible como jefe de Los Zetas.



Durante su evolución Los Zetas llegan a tener cerca de 750 miembros. Con el paso del tiempo refuerzan su estructura con la incrustación de kaibiles, desertores del ejército de Guatemala que se suman al cártel del Golfo para imponer sus más sanguinarias prácticas de muerte: la tortura, la decapitación y el descuartizamiento. Amantes de la guerra, afinan tan bien su estrategia bélica, que logran infundir miedo, un paralizante miedo en todo el país y en particular entre sus rivales, quienes no tienen más opción que responder con la misma saña y con el mismo horror.
(…)
Con la incorporación de kaibiles no sólo se refuerzan los cimientos y las columnas que sostienen a Los Zetas, sino que también cambian las formas de asesinar en México. La ejecución tradicional realizada hasta entonces por un francotirador se vuelve práctica obsoleta. Los sicarios del cártel del Golfo que no son de extracción militar deben ahora decidir su futuro: incorporarse a otro cártel mostrando sus mejores credenciales como asesinos, quedarse desempleados o entrenarse para aprender a matar con mayor saña, como lo exigen las reglas de Los Zetas, quienes imponen el baño de sangre, lo mismo que la decapitación y el despedazamiento de personas. Cuando esta suerte de engendro bélico decide matar, las cabezas humanas ruedan por doquier. Entre algunos miembros de Los Zetas se cuenta que decapitan cuando las personas aún están con vida y –sólo las víctimas saben lo que ocurre en ese último segundo de su existencia–pueden tener conciencia de verse en ese estado.
Cortar cabezas se vuelve una fiebre que se extiende de Baja California a Quintana Roo. No hay una franja del territorio nacional donde no se cuente la historia de un decapitado. Cuando se trata de muertes violentas, como las del narco, los médicos forenses dejan de practicar las tradicionales necropsias para trabajar ahora con mayores dosis de horror: armar cuerpos con los despojos de que disponen. En el peor de los casos entregan a sus deudos cadáveres incompletos, sin extremidades superiores o inferiores; sin lengua si el difunto fue un soplón; sin manos si tomó algo indebido; sin ojos si miró lo que le prohibieron ver; sin pene si rebasó límites por el impulso afiebrado del deseo.

El Lazca, Heriberto Lazcano Lazcano

El Lazca, desde la infantería militar a jefe de Los Zetas, el nuevo Cártel


Staff / Agencia Reforma

Ciudad de México

Tiene debilidad por las mujeres rubias, afición por las carreras de caballos y en el último lustro se ha apasionado por otro deporte: la cacería de gacelas, cebras y animales exóticos en reservas de Coahuila y San Luis Potosí.
Nació en 1974 en Apan, Hidalgo, lugar célebre por sus pulques, y a los 17 años se inscribió en el Ejército, donde pensaba hacer una carrera en el arma de Infantería, pero siete años más tarde un ex militar lo convenció para convertirse en guardaespaldas y promover su baja voluntaria de las Fuerzas Armadas. Fue la decisión más importante de su vida, era 1998.



Hoy, Heriberto Lazcano Lazcano tiene 36 años, le dicen El Verdugo y maneja los hilos de más de 400 delincuentes que en 18 estados de la República han convertido en una industria al secuestro, la extorsión, el homicidio y la venta de droga. Por eso es el número uno de Los Zetas.
Diversas investigaciones ministeriales y fichas de corporaciones de México y Estados Unidos que siguen de cerca a El Lazca, lo refieren como el hombre que logró mantener un liderazgo en la organización, gracias a sus métodos brutales para contrarrestar a los enemigos y al régimen de disciplina interna: a los Zetas infractores los ejecuta o los “apanda” o los deja sin comer.
Aunque se trate de un amigo, Lazcano siempre ha separado a los negocios de sus relaciones personales y eso lo sabe Alfredo Rangel Buendía, El Chicles, uno de sus hombres de mayor confianza, quien un día le pidió dinero prestado para comprar fayuca y no le pagó en el tiempo convenido.
“Lazcano nos ordenó a todos los del Cártel del Golfo que matáramos a El Chicles, por lo que Iván Velásquez Caballero El Talibán, le dijo que se acercara a un punto de la colonia Madero en Nuevo Laredo, por lo que cuando llega El Chicles en un Sentra, lo enganchamos, es decir lo agarramos y lo íbamos a matar.
“Pero El Taliban habló con Lazcano y le dijo que él le iba a recuperar el dinero y que nada más lo castigara, a lo que Lazcano nos ordenó que lo tuviéramos amarrado un mes, ahí teníamos la orden de darle agua una vez al día y de comer una vez al día, para que no estuviera yendo seguido al baño”, declaró el testigo protegido Karen.
Desde la captura de Osiel Cárdenas en 2003, este hidalguense hizo emigrar a Los Zetas de las drogas a otros delitos, estableció nuevas jerarquías en imitación al Ejército, incluyó en sus huestes a kaibiles de Guatemala y decidió desplegar operaciones de asalto espectaculares para rescatar a sus cómplices.

Ingreso

El 27 de marzo de 1998, Lazcano obtuvo su baja del Ejército y con ello renunció a la carrera que había iniciado el 5 de junio de 1991 en la milicia. En siete años, según registros públicos de la Sedena, sólo logró un ascenso y sucedió el 5 de julio de 1993, a Cabo de Infantería.
El personaje que le persuadió a dejar las Fuerzas Armadas era otro militar que había desertado el 27 de septiembre de 1997, medio año antes que Lazcano. Se llamaba Arturo Guzmán Decena y a su vez había sido contratado por Osiel Cárdenas Guillén para que le organizara una especie de guardia pretoriana, pues estaría conformada sólo por ex militares. Guzmán se autodenominaba “Z-1”.
Este es el origen de Los Zetas, que deben su nombre al color azul zeta de los uniformes de los oficiales del Ejército.
El subteniente Alejandro Lucio Morales Betancourt “Z-2” fue subjefe de la agrupación delictiva hasta su captura, el 17 de noviembre de 2001. Al convertirse en el testigo protegido Yeraldine, relató que la primera tarea encomendada a Los Zetas fue la eliminación de los enemigos de Osiel.
Y desde ese momento, Lazcano se hizo distinguir frente a los demás.
Morales recuerda en un testimonio que precisamente en febrero de 1999 Osiel citó a Arturo Guzmán Decena “Z-1” en una casa de Reynosa y le encomendó juntar 20 pistoleros para asesinar a Rolando López Salinas El Rolys.
“Llegaron a una casa en Miguel Alemán ubicada sobre la calle Décima, no logrando dicho objetivo en virtud de que solamente ingresaron Arturo Guzmán y Lazcano, realizando disparos, pero fueron recibidos a balazos por la gente que se encontraba en ese lugar.
“Lazcano disparó a un tanque de gas provocando su explosión y ante esto salimos corriendo de dicho lugar... en esa ocasión hubo muertos en esa casa, pero la Policía Ministerial se encargó de ocultarlos y de que no se supiera nada”, dijo el 15 de febrero de 2002.
Por esas fechas, en marzo de 2002, Decena y Lazcano “cazaron” a cuatro policías municipales de Nuevo Laredo, que notaron que les seguían. Lo peor no fue que los torturaran y les hicieran confesar que trabajaban para la banda rival, la de Dionisio Román García El Chacho, operador de El Chapo Guzmán en esa frontera, sino que los incineraron.

jueves, 25 de febrero de 2010

Los desafíos de la narcocultura

Los desafíos de la narcocultura

Tomás Eloy Martínez

El siguiente artículo es el último que el recientemente fallecido autor argentino Tomás Eloy Martínez escribió para el diario The New York Times. En él acentúa la creciente influencia de la cultura del narcotráfico que incide en sociedades como la mexicana y colombiana; asimismo, propone como única salida a esa espiral de violencia la despenalización del uso de las drogas.
Esta colaboración muestra la lucidez y agudeza de una valiosa pluma que, sin duda, hará falta en la reflexión sobre los temas relevantes para las sociedades contemporáneas

Los novelistas van siempre un paso adelante de la realidad. Hacia 1930, el argentino Roberto Arlt vislumbró en sus dos grandes novelas, Los siete locos y Los lanzallamas, la madeja fascista que se cernía sobre las naciones jóvenes del sur. Así también ahora la guerra contra las drogas y el narcotráfico impregna buena parte de la literatura, sobre todo en Colombia y México, donde la cultura narco se ha infiltrado en todos los aspectos de la vida.
Expandida como un virus, la cultura narco pone y derriba gobiernos, compra y vende conciencias, se toma la vida de las familias y ahora la vida de las naciones. La cultura narco es la cultura del nuevo milenio.
Todos los días las noticias arrojan cadáveres que se ordenan entre “decapitados” y “severamente mutilados”. Los sicarios ya no tienen una patria, sino que las invaden todas: el cartel de Sinaloa tiene laboratorios en la provincia de Buenos Aires, las bandas que actúan en las sombras imponen guerras en las favelas de Río de Janeiro o en las villas de San Martín, en España, o Boulogne, de Francia.
La traición, si se sospecha, se castiga con acciones mafiosas; si se prueba, con crímenes que traen más muertes, en una escalada de venganzas infinitas.
En su novela póstuma 2666, el novelista chileno Roberto Bolaño relató en toda su crudeza y horror los asesinatos de mujeres en Santa Teresa, transmutación literaria de Ciudad Juárez, enclave fronterizo con El Paso, Texas, donde desde hace décadas gobiernan la violencia y la impunidad. Esas muertes narran un crimen continuo, una historia de nunca acabar.
Un empresario poderoso que observa cómo su país está siendo minado por los narcotraficantes en complicidad con la corrupción del poder, decide ganarles “siendo más criminal que ellos” en la última novela del escritor mexicano Carlos Fuentes, Adán en Edén. La manera en que el dinero sucio del narcotráfico penetra en la sociedad provocó picos de rating en la versión para televisión de Sin tetas no hay paraíso, la historia en la que Gustavo Bolívar, escritor colombiano, cuenta cómo una joven de 17 años se prostituye para comprarse pechos más grandes y así acceder al círculo de los traficantes.
La lista viene amontonando títulos en sintonía con el ritmo en que avanzan la muerte y la corrupción por el continente: Rosario Tijeras, del colombiano Jorge Franco; La Reina del Sur, del escritor español Arturo Pérez-Reverte; Balas de plata, del mexicano Élmer Mendoza, o La virgen de los sicarios, del colombiano-mexicano Fernando Vallejo, son apenas unos pocos ejemplos con un denominador común: cada golpe al narcotráfico es devuelto con otro golpe aún mayor.Es lo que le ha ocurrido al presidente Álvaro Uribe en Colombia y ahora al presidente Felipe Calderón en México. Mientras tanto se destruyen personas, familias, pueblos, culturas. Cada día se hace más evidente que la guerra no es la solución al problema y que la única vía posible es enfrentarlo desde la raíz, es decir, desde la despenalización del consumo.
Las inteligencias más lúcidas del continente insisten en que es imperioso llegar a un acuerdo de cooperación entre traficantes y consumidores. Cuando se rompan esos pactos siniestros de silencio y dinero, y los expendios de droga salgan a la luz del día, como el alcohol después de la Ley Seca, quizás hasta los propios traficantes descubran las ventajas de trabajar dentro de la ley.
La despenalización avanza. España, que trata la drogadicción como un problema de salud, fue el primer país europeo en despenalizar el consumo de marihuana. La posesión para uso personal no es delito, aunque el consumo público está castigado con multas administrativas y su legislación contra el tráfico está entre las más severas de Europa.
Hace pocas semanas, y a contracorriente de una costumbre avalada por el ex presidente George W. Bush, la Administración de Barack Obama estableció que los fiscales federales no gastaran sus recursos en arrestar a personas que usan o suministran marihuana con fines medicinales.
Quizás el caso más conocido sea el de Holanda, donde en rigor es delito el consumo de cualquier sustancia prohibida. Sólo hay cierta consideración para el acceso a la mariguana en los llamados coffee shops, lugares reservados para la compra y consumo de menos de cinco gramos diarios.
En Argentina un fallo de la Corte Suprema de Justicia estableció que el consumo personal de mariguana no es un delito y también ha concentrado en un solo juzgado federal todo lo relacionado con el paco, un veneno barato que arrasa los círculos más pobres de la población.
¿Es la despenalización la cura de todos los males? El lenguaje de las armas demostró su fracaso y la historia ya escribió su ejemplo más contundente cuando en los Estados Unidos se prohibió el consumo de alcohol durante los 13 años que duró la Ley Seca.
La prohibición que comenzó el 17 de enero de 1920, lejos de hacer desaparecer el vicio, provocó la creación de un mercado negro del que surgieron todos los Al Capone, los Baby Face Nelson, los falsos héroes como Bonnie & Clyde y una legión de padrinos que sembraron el terror a sangre y fuego. Como era casi previsible, muy pronto la corrupción se apoderó de las conciencias policiales.
De los agentes encargados de velar por la prohibición, un 35 por ciento terminaron con sumarios abiertos por contrabando o complicidad con la mafia y, como era previsible, muy pronto aparecieron las estadísticas nefastas: 30 mil muertos y 100 mil personas resultaron víctimas de ceguera, parálisis y otras complicaciones por envenenamientos con el alcohol metílico y otros adulterantes, a los que recurrían los bebedores desesperados.
En 1933, cuando Franklin D. Roosevelt derogó la Ley Seca, el crimen violento descendió dos tercios. En Estados Unidos no se acabaron los borrachos, pero desaparecieron los Al Capone.
El arma más efectiva contra los jefes del narcotráfico es arruinarles el negocio. Y la única vía posible para hundirlos es legalizando el consumo. No se trata de alentar el consumo, sino de controlarlo mejor, invirtiendo en campañas efectivas de salud pública.

publicado en el diario El Sur Febrero 2010

lunes, 1 de febrero de 2010

Playeras

Ahora que en nuestro país proliferan las camisetas con mensajillos dizque jocosos y parodias a logotipos de marcas muy conocidas (diez años tarde por cierto), es momento de retomar con orgullo la tradicional prenda que muestra la tapa de un disco, sirve como testimonio del paso de una gira por cierto punto del globo, o anuncia de manera clara y directa un conjunto.



La camiseta oficial, representa en la actualidad muchas más ganancias para un grupo, que la venta de discos compactos y en algunos casos es más redituable que la venta de entradas para un concierto. Fabricarla tiene un costo aproximado de cinco dólares y quienes la adquieren pagan cerca de veinticinco.
Del precio al público, casi el cuarenta por ciento va a parar a manos del artista; en Estados Unidos existen compañías dedicadas a comprar los derechos de manufacturación de mercancía oficial de una banda (como MerchDirect); dependiendo el calibre del artista y el potencial de ventas que tenga, se le otorgan adelantos hasta por 400 mil dólares.



Con todo y las probadas bondades de la camiseta del rock (y aunque lleva décadas formando parte de la cultura pop), todavía encuentra en su camino algunos detractores. El peor de todos, el más dañino, el que desea exterminar esta forma de arte para siempre, son las madres de familia. A la mía, por ejemplo, le perturbaba en demasía mi camiseta con la tapa del álbum Dirty Rotten Filthy Stinkin' Rich, de Warrant, que solía ponerme en bautizos, bodas, funerales, festivales escolares y básicamente cualquier evento social donde hubiera que ir vestido. Harta de que su retoño portara la imagen de un gordo fumando billetes en el pecho, mi progenitora hizo como que se le perdía la mencionada prenda, la cual reencarnó, meses después, en un par de trapitos de cocina, monísimos.



Otro enemigo importante de la camiseta del rock lo encontramos en los sujetos que reciben y/o atienden en restaurantes "finos", de esos donde se come sentado y con cubiertos. No importa qué edad se tenga el personal de esos lugares siempre mirará con desconfianza al portador y le asignará la mesa más arrinconada posible para evitar que otros comenzales se escandalicen con el arte de tapa del And Justice For All. En realidad me parece que esos tipos son envidiosos y les encantaría pasar aunque fuera 24 horas con una camiseta del rock y no con el ridículo uniforme que la mayoría de las veces se les obliga a portar.
La sagrada prenda (fabricada casi siempre de algodón) provoca incomodidad en recepcionistas, personal de oficina, algunos médicos, ejecutivos, directores de colegio; y cuando el diseño involucra fuego, sangre o calaveras, las señoritas se asustan mucho.



Se trata de una frivolidad. Pero la camiseta de un grupo de rock que te gusta, sirve para ir por el mundo diciéndole, a cuanto transeúnte te encuentras, tus opiniones sobre la vida, el partido que has decidido tomar, a quién apoyas incondicionalmente, qué concierto te cambió la vida o qué disco estarías dispuesto a comprar cien veces si fuera necesario. Es una frivolidad, pero luego esas cosas hacen que la vida parezca menos complicada.

jueves, 28 de enero de 2010

Caleidoscopio_ Glup!




Una chica que no pida nada,
Un amigo que sea por siempre,
Un trabajo que dure al menos
Lo que tarde en pagar mis sueños

Una tasa de te con mis padres
A la orilla del calle calle
Un pasaje devuelta hacia atrás
Que me lleve a pasear donde niño
A mirarme a los ojos y tratar de entender
Que no era tan malo ser pobre

Un paseo de nuevo por el campo
Que tanto le gustaba a mi abuelo danilo

A veces quisiera quedarme
Sentado y no hacer nada
Pero algo me dice que te siga buscando
Más por mucho que busco no ahí nada

Hago más de cien canciones
Y de nada me sirve cantarlas
Si por mucho que quiera no tengo
A quien dedicarlas

Como quisiera amarte así de la forma más pura
Que exista, besos cien por ciento libres te toda prisa

Y yo no soy de los que andaban
Predicando que escuchaba a nirvana

Alguien me dijo un día
Todo lo que haces se paga
Pero nadie me dijo que el precio seria
Nunca haberme sentido tan solo

Sabes yo también me pongo triste
Cuando veo que el mundo es una mierda

El que dijo al mal tiempo buena cara
Tenía escondido en sus manos un paraguas
Yo no soy de los que piensan
Que un beso lo arregla todo

A veces quisiera quedarme
Sentado y no hacer nada
Pero cada segundo que pasa
Me siento más triste más lejos de casa

Hago más de cien canciones
Y de nada me sirve guardarlas
Si por mucho que quiera habrá
Siempre personas que nunca quieran escucharlas

Como quisiera amarte así
De la forma más pura que exista
Besos cien por ciento libres de toda prisa
Tus besos cien por ciento libres de toda prisa
Besos cien por ciento libres de toda prisa

Tus besos cien por ciento libres de toda prisa.

miércoles, 27 de enero de 2010

Enigma Norteño_ Amor de cuatro paredes



Desde el primer momento en que te vi,
me robaste la mirada, y como un loco te seguí
para ver cómo te hablaba y enamorado
quede de tu hermosura y tu mirada.
Nació un amor tan bonito
se entendieron nuestras almas,
y aunque no nos pertenecemos
en el amor no se manda.

Amor de 4 paredes nadie debe de saberlo
solo se que tu me quieres
yo por ti me estoy muriendo
y aunque pase lo que pase serás mía
aun que sea en silencio.

Seguimos Perdiendo La unica mujer




hoy me la he encontrado caminando
hoy me la he encontrado a la infeliz
que perdio el encanto
de todo mi pasado
que dificil es ver por venir
hoy me eh vuelto a sentir tan solo
creo recordar que fui feliz
la sonrisa suya era mi locura
que nunca jamas volvi a sentir

estoy perdido es la unica mujer que hay
y en mi delirio no creo poderla olvidar

estoy perdido es la unica mujer que hay
y en mi delirio no creo poderla olvidar